Caballito de madera
Estaba en el desván. Lo encontré aquel día que me había aventurado yo sola a subir hasta allí. Nunca lo hacía porque me impresionaban las escaleras. Aunque había mucha luz y todo estaba limpio, llegar hasta aquella puerta, abrirla y traspasarla, siempre era una aventura. Detrás había un mundo que explorar, nuevo, fantástico, ¡quién sabe lo que podría descubrir!
Otras veces había subido acompañada, pero aquel día iba yo sola, a hurtadillas, quería llegar y a la vez no quería. Yo sola, ¿podría contarlo luego a alguien?
Había ido descubriendo los secretos poco a poco, ya creía que no quedaba nada, pero aquel día...... la puerta me atraía, ¡total era como siempre, ya casi lo conocía todo! Los viejos baúles llenos de ropa, las cajas amontonadas de recuerdos viejos, dos sillas apartadas que nadie se atrevía a tirar, aquellos juguetes que había hecho el carpintero y que yo no me atrevía a rescatar. Especialmente me gustaba las mesa y las cuatro sillas diminutas. ¡Cuantos sueños!
Pero aquel día estaba allí, no sé por qué nunca lo había visto, junto a mí, aquel caballo de madera.....
Hoy si lo rescaté, lo robé para Gawain.